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Tommy Johnson e Ishman Bracey entrelazados por el blues

Cuando se habla de los pioneros del blues de Mississippi, siempre se cita a los más grandes, a saber: al incuestionable rey fundador del blues del Delta. Charley Patton, y al más conocido e idolatrado Robert Johnson.. Pero es preciso dejar claro que entre ellos existieron otros muchos que tomaron esa música aún naciente y la modelaron, la dieron formas diversas y la enriquecieron. Ahí están las melodías de Bo Carter y los Mississippi Sheiks, el rítmico y evocador canto de Mississippi John Hurt, y está esa versión más dura y áspera, de rotundas líneas de bajo, atormentadas voces y dramáticos temas, inter­pretada por hombres que eligieron, o quizá fueron empujados acaminar por el lado salvaje, salvaje de verdad.
Entre éstos, el más importante e influyente fue sin duda Tommy Johnson (sin ninguna relación con Robert). Como el gran historiador del blues Paul Oliver escribe: «Añadió algo tan especial, tan rotundamente suyo v a la vez tan influyente entre sus contemporáneos, que sin su canto y sin su guitarra se ha­bría perdido un ingrediente esencial de esa aleación musical». Su voz cálida vibraba de un modo muy personal. Tenía una sorprendente facilidad para tararear y emitir sílabas en falsete sin caer en transiciones bruscas. A pesar de que sólo grabó una docena de canciones, numerosos cantantes las aprendieron y siempre las interpretaron imitando su estilo.


Tommy Johnson nació en 1896 en una plantación cer­cana a la ciudad de Crystal Springs, fuera de la región del Delta, a unas veinte millas al Sur de Jackson, la capital del Estado de Mississippi. Su padre fue un esclavo nacido en Georgia y ven­dido a una familia de Mississippi apellidada Johnson, que le dio el nombre. Varios miembros de su familia materna eran músicos. Sus tíos tocaban guitarra y armónica en una brass band que interpretaba baladas y bailes en fiestas locales. Esta es la música que aprendió cuando uno de sus trece hermanos empezó a ense­ñarle a tocar la guitarra.
Hacia 1912 se marchó de casa con una mujer bastante mayor que él. Anduvo por el Norte del Estado, en la región del Delta, y se supone que allí mantuvo contacto con los músicos que en ese momento estaban desarrollando el que sería uno de los estilos de blues más importantes e influyentes de todos los tiempos. En 1914 volvió a casa y, ya convertido en profesional, recorrió junto a su herma­no toda esa zona del Sur del Estado. En 1916 se casó con Maggie Bidvell, mujer con la que mantuvo una tormentosa relación y a la que dedicó una de sus grabaciones.
Ese mismo año volvió al Delta, esta vez acompañado también por su hermano, quien en una entrevista publicada en 1967 afirma que allí se encontraron con Charley Patton y Willie Brown, y que tocaron juntos muchas veces. La influencia de estos precursores en la música de Johnson es evidente y el efecto de estos viajes es innega­ble. Pero Johnson no sólo captó la riqueza expresiva de estos artistas, sino que también adquirió otras aficiones. Cuando poco después volvió a la zona de Jackson, en su maleta no sólo lleva­ba toda esa tradición musical, sino una gran afición al alcohol, a las mujeres y... un amuleto vudú, el que identifica a los que han vendido su alma al diablo.
La leyenda, de origen africano, probablemente fuera contada por todos los músicos de blues de esa época y. aunque actualmente es conocida la protagonizada por Robert, el otro Johnson, lo cierto es que el primer bluesman del que se dice que se comprometió al curioso pacto fue Tommy. Su hermano relató que, cuando le preguntó cómo había llegado a tocar mejor que él. Tommy contestó: «Si quieres aprender a tocar lo que quieras y hacer tus propias canciones tienes que coger tu guitarra e ir a ese cruce de caminos justo a las doce de la noche. Debes espe­rar tocando una canción, entonces el Gran Hombre negro lle­gará, tomará tu guitarra, la afinará, tocará una pieza y te la devolverá. Así es como aprendí a tocar».
Con toda esa 'experiencia', Tommy Johnson recorrió las fiestas; campestres y las calles de las poblaciones entre Jackson y Louisiana. Así pasó la mayor parte de los años 20, tocando, relacionándose con todas las mujeres que podía y bebiendo cual­quier cosa que tuviera alcohol. El alcoholismo marcó su vida y su carrera profesional. En aquellos años de ley seca, ser alcohó­lico y negro pobre no era ninguna maravilla. Johnson bebía cual­quier potingue que calmara su ansia y le diese ánimos para tocar. Lo más accesible era el alcohol de quemar desnaturalizado, el que se usaba en cocinas y estufas. Esta experiencia es narrada con dra­matismo y convicción en su composición más famosa, la célebre «Canned heat» (la misma que da nombre a la banda de Bob Hile y Al Wilson). Merece la pena escuchar esa autobiográfica letra que dice «Crying, mama, mama, mama, yon know, canned heat killing me / Takes alcorub to take this canned heat blues / woke up this morning, crying, canned heat 'round mybed/Run here, somebodv, take this canned heat blues (Grito, mamá, ya sabes, el fuego enlatado me mata /Hace falta alcohol puro para alejar este dolor de fuego enlatado / Me desperté esta mañana, gritan­do, con el fuego enlatado alrededor de la cama / Que venga alguien corriendo, que me quite este dolor de fuego enlatado)». En sus buenos momentos se convertía en un artista deslumbrante que se ganaba a su público bailando y tocando con la guitarra en la espalda o entre las piernas, tal y como se cuenta que también hacía Charley Patton.
Ishman (o Ishmon) Bracey nació el 9 de enero de 1901 en Byram, una pequeña ciudad diez millas al Sur de Jackson. Hom­bre contradictorio educado en la Iglesia Baptista y con profun­das convicciones religiosas, desvió su camino cuando se convir­tió en músico y artista de variedades. De joven trabajó en la construcción del ferrocarril Illinois Central como 'water boy', acarreando agua. No era un gran guitarrista y su voz nasal tam­poco resultaba muy atractiva, pero su forma de interpretar era efectiva y sentida. Su fraseo recordaba el canto de los hollers, las melodías de las cuadrillas de trabajo y de los campesinos que le enseñaron a tocar la guitarra. Actuando en fiestas, bailes y para los oyentes casuales en las calles do Crystal Springs. Conoció a Tommy Johnson en algún momento de los años 20. La impor­tancia de Bracey en la historia del blues no viene dada sólo por sus grabaciones, sino porque fue él quien hizo posible que sus compa­ñeros fueran in­mortalizados en disco.



H.C.Speir era un vendedor de discos de Jackson que durante los años 20, se con­virtió, además, en el único hombre blanco que se de­dicaba a buscar músicos negros que pudieran realizar sesiones de grabación. Daba noticia de sus descubrimientos a las compañías de discos, que generalmente radicaban en Nueva York o Chicago, preparaba las sesiones, y recibía a cambio una comisión. Speir descubrió a Bracey en diciembre de 1927 y le llevó al primer piso de su tienda, donde tenía un modesto equipo que le permitía hacer grabaciones de prueba en discos de metal. Bracey recomendó a su compañero Johnson, que también fue probado, Se enviaron los discos a la compañía Víctor y al de pocos días Speir recibió un telegrama ordenando que llevara a esos tipos a Memphis para realizar las oportunas grabaciones.
Johnson, Bracey y el también guitarrista Charlie McCoy tomaron un autobús Greyhound y, siguiendo la ruta 61, se presentaron en Memphis, donde estuvieron tres días hospe­dados en un hotel de Beale Street. McCoy, quien por entonces era un joven desconocido que, en palabras de Bracey, aún no podía hacer más que de músico de acompañamiento, con el tiempo se convertiría en uno de los más prestigiosos y conocidos intérpretes de la zona y daría nombre a la estupenda cantante Memphis Minníe, su esposa. El viernes 4 de febrero de 1928 se realizó la primera sesión. En ella, Tommy Johnson estuvo per­fectamente acompañado por McCoy. Allí grabaron «Cool drink of water blues», que empieza con el célebre verso «/ asked/ for water and they gave me gasoline (Pedí agua y me dieron gaso­lina)» que muchos años después el avispado Howlin' Wolf can­tó en Chess en «I asked for water» (incluso existe una grabación de I968 donde el Sr. Burnett relata la historia como una expe­riencia propia). En cada verso la voz de Johnson pasa de un víbralo grave y potente a un quejumbroso falsete que refuerza el dramatismo de la situación, el cantante gime por un vaso de agua fresca y recibe todo el desprecio del mundo transformado en ardiente gasolina. El sencillo, claro y repetitivo punteo de Johnson está acompañado al fondo por los rápidos trinos de la guitarra de McCoy, tocada casi como un banjo. El mismo día se registró «Big road blues». una transformación del «Down the dirt road blues» de Charley Patton y una de las canciones más populares de Johnson. En ella aparece de nuevo el tema del viaje, del movi­miento de un lugar a otro, la llamada del largo camino' como forma de liberación. Aquí el cantante muestra sus estupendos recursos vocales sin apenas recurrir al falsete. Dice: «I ain't goin' down that big road by myself if I don´t take you . I 'II take someone else (No voy a hacer ese largo camino yo solo/Si no te llevo a ti, llevaré a cualquier otra}».
El día siguiente grabó «Bye bye blues» y el influyente «Maggie Campbell blues» con esa estructura de walkin' bass ampliamente copiada, donde cuenta la relación con su ex mujer e introduce versos del clásico «See see rider». Siempre con esa voz grave y con vibrato. con poca entonación, casi recitando canta a la esperanza de tiempos mejores: «Now sun gone shine in my back door someday /And the wind gon' change. gon' blow my blues away (Algún día el sol brillará en la puerta de atrás El viento cambiará y se llevará mis penas)». Ese mismo día Ishman Bracey registra «Left alone blues» y «Saturday blues» donde usa algunos versos de «Cool drink of water», lo cual hace pensar que en realidad el tema tampoco era de Johnson sino uno de tantos transmitidos de cantante en cantante cuyos orígenes se pierden en la oscuridad de esos primeros años del blues, uno de los que cada intérprete toma y moldea a su gusto, haciéndolo suyo. La voz de Bracey es aquí más aguda y metálica, con menos víbrato, y a menudo varía bruscamente de volumen para aumentar el dramatismo de la narración. Su guitarra es sencilla y correcta, marcando contundentemente las líneas de bajo, mien­tras que, por detrás, McCoy acomete un trabajo sobresaliente afinando asperezas y dibujando melodías.
Los discos editados con estas canciones se vendieron relati­vamente bien. Bracey contó que «Saturday blues» colocó más de 6.000 copias, lo cual es todo un éxito para una época y un estilo donde lo corriente era vender 500. Esto proporcionó al sello Víctor los beneficios suficientes como para organizar otra sesión para finales de agosto de ese mismo año. En ella Tommy Johnson registra «Lonesone blues», donde vuelve a narrar sus atormentadas relaciones con las mujeres: Won't you iron un jumper, starch my overals/l'm gon´ find my woman, said she’sin this world somewhere / Well it's good to you mama, sure lord killin' me (¿Plancharías mi buzo y almidonarías mi guardapolvo? / Tengo que encontrar una mujer en algún lugar de este mundo / Lo que es bueno para ti, seguro que a mí me mata)» El mismo día se registra «Canned heat blues», que se convierte en un éxito y le dará cierta fama.
Pero el fuego enlatado le seguía matando. En l930, una vez terminado el contrato de un año con Víctor, Speir hizó otra sesión, esta vez para la Paramount con quien mantenía una mejor relación. Por palabras del propio Bracey sabemos que «Mr. Speir quería que fuéramos a Wisconsin, a Paramount Records. Me dijo que estuviera listo para ir allí con Tommy y preparáramos algunas canciones que no hubiésemos grabado antes. Pero Tommy se emborrachó tanto que apenas pudo grabar. Yo hize cinco o seis con mi guitarra. Grabé Woman woman blues' en sol menor. Me dijeron que era una buena idea, que a la gente no le gustaba oír siempre el mismo tono, que eso ayudaba a vender mejor». Efectivamente, para muchos ésta es su mejor canción. En ella parece que su canto se ha vuelto mucho más expresivo y variado, más parecido al de su compañero.
Speir admitió que solía dejar beber a los músicos de blues antes de las grabaciones, que estos no hacían música o transmitían ese emocionante sentimiento hasta que no tomaban un poco de alcohol. Solía comprar alcohol de farmacia, que es lo que muchos de ellos bebían en la prohibición. Pero parece que esta vez había auténtico whiskey en el estudio y que Johnson a pesar de su alcoholismo, jamás lo había probado. Bebió tanto que echaba a perder todas las tomas. Bracey continúa: «Se volvió loco. Nunca había visto whiskey de verdad. Se puso tan malo que yo tuve que tocar detrás de él en dos temas». Se refería a «Lonesome home blues» y no podía ser más ilustrativo, una versión de su tema más célebre, retitulado ahora «Alcohol and jake blues», donde Johnson se muestra pesimista y oscuro. Una garganta grave en la que casi ha desaparecido el vibrato tararea como un holler mientras se oye claramente la voz de Bracey animándole a continuar.
Ni Johnson ni Bracey volverían a ser inmortalizados en un estudio de grabación. Durante los años 30, con la Depresión el negocio discográfico decayó y las ediciones de blues disminuyeron notablemente. Esas compañías iban a lo seguro y. además según palabras del propio Speir, Johnson y Bracey ya habían dado lo mejor de sí mismos. Ambos continuaron colaborando hasta que discutieron por un asunto de dinero y se separaron definitivamente. Se sabe que en los años 30 trabajaron juntos en un "medicine show”, el típico espectáculo itinerante en el que un vendedor utiliza a músicos para atraer público hacia el carromato donde ofrece sus productos. A pesar de que el alcoholismo mermó notablemente sus facultades Tommy Johnson continuó dedicándose a la música. No se sabe si fue gracias a su pacto con el diablo, pero logró mantener esa azarosa y poco sana vida hasta casi los 60 años. Murió de un ataque al corazón actuando en una fiesta de cumpleaños el I de noviembre de 1956, justo después de gemir por última vez eso de que el fuego enlatado le estaba matando.
Ishman Bracey, en cambio, se libró mucho antes de toda relación con el diablo y su música. En 1951 volvió a la religión y se ordenó sacerdote de la Iglesia Baptista. Desde entonces su música sería exclusivamente el gospel de las ceremonias. En los 60 fue redescubierto por los investigadores que buscaban a los entonces olvidados protagonistas del nacimiento del blues. Con­cedió alguna entrevista y contó con pudor sus andanzas de pecador. Se le animó a grabar de nuevo pero se negó rotundamente.
(J.I.)

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Un nuevo blues para mi viejo Dobro

Seguro que a todos nos ha pasado alguna vez encontrarnos con un olor que no habíamos vuelto a percibir desde la infancia. Por un momento nos volvemos a sentir como cuando éramos niños. Salvando las distancias, porque el tema de los olores siempre debe ir aparte, recuperar mi Dobro después de tenerlo semi-abandonado es una sensación parecida de alguna forma.
Las cosas viejas suelen venir acompañadas de recuerdos. Seguro que todos hemos encontrado objetos de nuestra infancia que instantáneamente nos trasladan a épocas que ya nos parecían casi olvidadas del todo. Con los instrumentos musicales esto tiende a multiplicarse porque junto a los recuerdos físicos hay muchas vivencias emocionales asociadas que parece que sigan de alguna forma latentes en el instrumento. Por motivos como estos entiendo que se regalen. Se regala más que un trozo de madera, se da lo que se ha dado también en él. También entiendo que a veces no se quieran ver delante porque traen recuerdos que no se quieren avivar. Y los admiro, porque cuando forman parte de la historia de alguna forma todavía siguen sonando.
Es un tema curioso esto de animar objetos inanimados. Un buen ejemplo de que mucho de los que hay en las cosas proviene de nuestra cabeza. Hasta puede que incluso sea todo.

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Alvin "Youngblood" Hart: El nuevo country blues con raíz

En Carroll County se respira un extraño aire a pasado. Todo parece evolucionar lentamente, incluso todo parece du­rar eternamente. Al tío Henry Elam le preguntan por Charley Patton y, mientras limpia su pipa con infinita tranquilidad, recuerda como si fuera ayer lo sucedido hace 50 años. «Sí, era uno de mis favoritos. Solía ira verle tocar en los ´house parties' camino abajo, lo vi cerca de 13 veces».
En Carroll County ya no se escucha más música, aun­que el blues flota en el ambiente donde siempre existió: en la casa de madera de tía Helen, en la tierra pantanosa del Mississippi, en la noche estrellada que ilumina la puerta del cemen­terio. Las palabras de Hart recuerdan aquella infancia. «En Carroll County, en los 60, todavía se vivía en el siglo XIX. Mi abuelo sigue aún vivo. Tiene más de 100 años, ¿sabes? Mi abuela no tuvo agua
corriente hasta después de haber cumpli­do los 70. Recuerdo que siempre guardaba una gran palanga­na de agua en el horno, para los baños».


En Carroll County todavía se siente la tierra como par­te de uno. El alimento es la tierra. El trabajo es la tierra. La cultura es la tierra. El blues nació también del trabajo en las plantaciones. El blues como extensión del sudor de la frente. «Toda mi vida he estado regresando, una y otna vez, al Mississippi, física y mentalmente. Si hubiera tenido una opción de elegir cuál es mi lugar, éste sería Mississippi. Conecto con Carroll County, lugar inmortalizado a finales de los años 20 en una canción de Willie T. Narmour, 'Carroll County blues'. Cuando yo era pequeño no podíamos permanecer allí, debido al trabajo de mi padre. Mis padres dejaron aquel lugar antes de que naciera. Pero hemos regresado allí todas las veces que hemos podido. Todas las que nos podíamos permitir. Comencé a ir a Carroll cuando era pequeño, en los 60. No recuerdo ver a nadie tocando música, aunque no tenía por qué escucharla. Simplemente con ver el lugar. Si pudieras haberlo visto...».
En Carroll County permanecen vivos los espíritus de Leadbelly, Blind Lemon Jefferson o Charley Patton. Están en las reuniones familiares, en los festivales de agricultura, en las comidas junto al fuego de la noche oscura. En cada uno de sus habitantes. «¿Sabes?, musicalmente he sido influido por los discos de los bluesmen más duros. Pero, estando allí, en Mississippi, las influencias permanecen en el entorno. Esta­ban en la gente, en mis tíos y abuelos. Allí es donde la música continúa. Estaba en la casa de la abuela. Se podía sentir lo que el blues era, aunque no se escuchase. Sí, se podía escu­char en el aire. No soy romántico, pero reconozco que toda mi inspiración ha nacido de mi familia en Carroll County. De conocer la forma de vida de los pueblos. Me da pena pensar que mucha gente no tenga su propia tierra. Allí, ellos tienen la vida, tienen el lugar. Mucha gente de Mississippi se trasladó a Oakland en los 40. Casi todos eran granjeros. Pero esto no fue bueno paro ellos. Perdieron algo suyo con el viaje. Vinie­ron de una sociedad agrícola a una ciudad extraña. Fíjate en la gente de la ciudad. Han perdido su identidad. Si ahora tu­vieran que regresar al pueblo ya no sabrían qué hacer. Han perdido mucho desde que vinieron aquí»
En Carrol County permanecen las palabras “segregación racial” latentes en lo
s rostros impertérritos. Las impasibles miradas se clavan en los hombres blancos que viajan al sur como centro turístico. «Deberías haber conocido esto an­tes de tanta propaganda. Antes de que el Sur se hubiera con­vertido en una atracción turística. Definitivamente, antes no era una atracción turística. Yo estaba encantado de Mississippi, y le pedí a mi madre que me dejase vivir con mi abuela. Por entonces no entendía el problema, pero mi madre no me permitía ir al colegio de abajo. Ahora sé que el racismo se mantiene vivo allí. Por ejemplo, en Natchez desapareció legalmente en 1970, pero en los colegios no desapareció hasta 1989, y fue porque no había suficiente dinero como para man­tener dos al mismo tiempo».
Gregory E. Hart no nació en Carroll County sino en Oakland, California, en 1963. De su familia materna mantie­ne los recuerdos de la granja de su abuela, construcción entera de madera que puede apreciarse en una de las fotos interiores de su disco «Big Mama's Door». Las otras fotos muestran a un Hart de ocho años disfrutando de un ambiente rural, rodeado de ganado o montando a caballo. Fueron aquellos años los que sedimentaron su afición a la tierra, más que a la música. El blues fue el nexo de unión con el campo. Algo que allí tiene que nacer desinteresadamente pero que en la ciudad resulta extraño, por no decir inapropiado. Años después, transcurrida la inocencia de la infancia, Alvin volvería a Mississippi, a Natchez, trabajando para la Guardia Costera. Tenía que reco­rrer el río en aquella zona, despejando las partes que pudieran quedar inaccesibles para la navegación. Natchez estaba a sólo tres horas de coche de casa de tía Helen, la persona que había suplantado a su abuela cuando murió. Era un trabajo durísimo: «Más duro que el de los reclusos de la prisión de Angola». Pero Alvin estaba feliz en aquel lugar, en aquella atmósfera.
En la ciudad había dejado la música, y en Natchez re­cuperó la afición. Durante tres años y medio volvió a tocar la guitarra. Se trasladaba a locales donde le permitían practicar de noche. «No encontré mucha gente tocando blues en aque­llos locales. Así que yo fui allí e hice eso». Las siguientes palabras de Alvin Youngblood Hart son un ejemplo de amor a su tierra: «Muchia gente me cuenta cosa
s sobre sus giras por el mundo. Me cuentan lo impórtame que es tocar en Europa. Nunca he estado allí y no tengo ningún deseo de ir. Si te digo la verdad, cuando tenga dinero regresaré a Mississippi».
El padre de Alvin Youngblood Hart trabajaba para Ge­neral Electric y ello le obligaba a desplazarse por los distintos Estados durante largos periodos de tiempo. Este hecho supuso una ruptura con el entorno natural del pequeño Alvin. Salvo las estancias cortas en Carroll County, la mayor parte de su infancia la pasó en Oakland. Las horas frente al televisor o visitando a la familia paterna. «Cuando era pequeño, solía visitar a mi familia en Oakland. Aguantaba con ellos todo el día. A quien más quería era a mi abuela. Solía visitarla y ella tocaba el piano para mí. En la familia de mi padre todos toca­ban el piano. Pero quienes sobresalían eran mi abuela y mi tío abuelo. Ellos venían del Delta del Mississippi. Era una familia de granjeros».
Su apodo Alvin lo tomó del armonicista del grupo The Chipmunks. Tuvo la música presente todo el tiempo: un ukelele de Bugs Bunny fue su primer instrumento, la fotogra­fía de Son House que guardaba su padre, los discos de B.B. King y Jimmy Reed de su madre, o el soul del crooner Jimmy Witherspoon. «Crecí queriendo tocar la guitarra. Los Beatles llegaron el año en que nací. Los programas de TV solían tener un buen tema de guitarra. La música surf estaba a mi alrede­dor y todo mi vecindario amaba a B.B. King. Recuerdo que una vez, viendo el programa Hee Haw estaba Roy Clark tocando la guitarra con un cuello de botella Intenté repetir eso. Fue mi primera experiencia slide. Recuerdo también a mi tío Reubin Perry tocando country blues con la guitarra o el piano. Era realmente bueno. O así es como quiero recordar­lo». A los 14 años se convirtió en un guitarrista tan bueno como lo es ahora. « Y así me he mantenido 17 años más».
En su adolescencia tuvo que soportar infinidad de tras­lados. El instituto lo inició en L.A., para continuarlo en Ohio y posteriormente en Illinois. Fue una mala experiencia para un joven como él, que le obligaba a pasar muchas horas en su habitación tocando la guitarra. «Me trasladaba a lugares don­de no conocía a nadie. Solía sentarme en mi habitación, ponía las grabaciones de mi padre e intentaba tocarlo con mi guita­rra. En todos los lugares donde vivía intentaba conocer chi­cos en el colegio que tocasen música. Pero si encontraba a alguien, la música que les gustaba era Hendrix o los Stones. En mi casa, yo sólo enfocaba mi música al country blues».
Consiguió graduarse en un instituto de Chicago, situa­do cerca de su barrio, Shaumburg. Es en esta ciudad donde comenzó sus verdaderos contactos con el blues, en una calle donde el R&B y el Delta acústico se respira por sus cuatro costados: Maxwell Street. Fue aquí donde Alvin heredó su apodo de “Youngblood”. «La primera vez que bajé allí fue como un misterio maravilloso. Fue un domingo cuando mis padres decidieron ir a ver a mi tío Williams, que era hermano de mi abuela por par­te de mi padre. Me obligaron a ir y, aun­que en un principio me negué, tuve que ceder y finalmente salir de casa con ellos. Fue una sorpresa mi tío Williams. Cuando me vio, decidió que bajaría con él a recorrer Maxwell Street. Fuimos en su coche, y era todo como un embrujo maravilloso, porque allí vi que tenía una cinta de Albert King. Después empeza­mos a recorrer Maxwell Street andan­do. Vimos la primera banda tocando en la calle. Mi tío tomó entonces su carte­ra y sacó un fajo de billetes y fue y tiró uno de cinco a la caja. Me miró y me dijo: “¿Sabes?, vamos a mantener todo esto vivo”. Después de esta experiencia, me estuve moviendo por mi cuenta, y aguantando, y echando a cada banda cinco dólares en sus cajas. Ellos me permitían sentarme. Siempre era así, había que darles algo de dinero, o com­prarles alguna bebida, o cosas así. Al final todos esos viejos muchachos que rondaban Maxwell Street, me decían Youngblood, ¿por qué no me acercas una bebida?', y yo les tendía el frasco de alcohol».
Tras su experiencia en la ciudad de Chicago, se movió por el estado Illinois y por último California. Con sus estudios terminados, su idea era debu­tar en el terreno del blues. Alvin Hart tenía ya 20 años y estaba impaciente por salir a flote. El problema se encontraba en el entorno. Youngblood era hombre de campo. Un hombre del Mississippi. «La mayor parte de las bandas de la calle tocaban esas cosas que estaban de moda, aunque había algo real en la parte swing. Me di cuenta de que no tenía ningún punto en común con ellos, y ellos tampoco tenían ninguna ninguna conexión con la música que yo hacía. A pesar de eso solía ir por las calles y sentarme frente a ellos y escucharlos. Pero nunca encontré nada diferente de lo que podía obtener de una banda cualquiera. Al final me harté de todo esto. Fue alrededor de 1984 cuando decidí dedicarme a la música acústica por entero. Vendí todas mis guitarras eléctricas. Después estudie todo lo que pude sobre bandas acústicas, instrumentos y todo ese material.. Si antes mis límites se encontraban en Son House, Charley Patton o Robert Johnson, ahora empezaba a descubrir otra música más misteriosa. Y me refiero a Mississippi Sheiks y gente como esa».
California terminó por desencantar a Hart. Un espacio donde el sonido acústico no tenía lugar. Abandono practicamente la guitarra. La ciudad se transformó en un infierno pata él. «Fue trabajando en una fábrica de muebles en California cuando decidí dar un giro a mi vida. No quería seguir viviendo en la ciudad. Quería trasladarme a un lugar cercano a los parientes del Mississippi». Desde allí se trasladó a Natchez durante tres años y medió. Un trabajo duro pero situado en la tierra que realmente amaba. Nuevamente la guitarra acústica volvió a sus manos.
Durante el invierno 89-90 asistió a un curso de electrónica en Nueva York y de allí se trasladó a una emisora de radio en Main Country, California. Sus fluctuaciones laborales les le llevaron a una tienda de guitarras antiguas llamada Subway Guitars, en Berkeley. Allí conoció a compañeros del mundo del blues como Joe Louis Walker, quien le invitó a abrir alguno de sus conciertos. También conoció a Heidi, una guitarrista gitana de Suiza que terminará siendo su esposa. Otra de las personas que pasaron por la tienda fue Carey Williams, road manager de Taj Mahal. Tras escucharle tocar la guitarra, le ofreció debutar en el mundo discográfico junto a él. Transcurrió año y medio hasta esa oportunidad. En medio, trabajos duros, esta vez como cortador de árboles y trabajando en un almacén. Entonces surgió «Big Mama's Door».
El debut de Alvin tuvo lugar gracias a su contacto pre­vio con Corey Williams. La oportunidad se la dio él en Oakland, en febrero de 1995, al convertirle en telonero del mismísimo Taj Mahal en un festival de cuatro noches en Yoshi. Y no des­perdició la ocasión, logrando un éxito de crítica y público que resultó el primer trampolín para la confección de su primer disco. Días después de su debut, el manager de Taj Mahal volvió a contar con él. Esta vez le invitó al estudio de Bob Weir para realizar una jam session con Taj, Weir, Keb'Mo´ y el saxofonista David Murray. Todos ellos estaban trabajando para una obra musical escrita por el propio Williams y Michael Nash. Tras la jam, Williams y Nash ofrecieron a Hart llegar a un acuerdo para el nacimiento de su primer disco. Alvin grabó una demo con sus temas más habituales, convirtiéndose estos en el borrador de su primer disco, una vez que los productores Williams y Nash firmasen el contrato con el sello Okeh.
Hart siguió corlando árboles hasta que su trabajo vio la luz. El compacto fue producido en San Francisco, grabado en dos pistas y con la colaboración, en tres ocasiones, del pro­pio Taj. «Desde que salió el disco he recorrido USA tres veces. He tocado en el reputado Merle Walson Memorial Festival en Carolina del Norte. En uno de mis tours coincidí con Buddy Guy y toqué con él en cinco ocasiones en la Costa Este. Des­pués regresé a California y continué haciendo giras locales».
En el disco, Alvin usa tres de su colección de 55 guita­rras: una Stella de mitad de los años 30, una Harmony de doce cuerdas de los 60, y una National de acero de reciente cosecha. «Big Mama's Door» es un disco puramente country, que reco­rre con el mismo desparpajo que Leadbelly el panorama del blues rural de Estados Unidos. El sonido Delta del Mississippi queda fuertemente representado en sus temas «Big mama's door» y «Joe Friday», blues monocordes de ritmo sostenido, con voz sin complejos y fuerza en los acordes de la guitarra.
El country & western en «France blues» y «When I was a cowboy», el primero soportado por la mandolina y el acompañamiento vocal de Taj Majal. Blues con toques ragtime de Texas en «Things 'bout comin' my way», también con un emocionante juego de voces entre Taj y Hart. El Piedmont blues de Blind Willie McTell en «Hillbilly Willie's blues», con un imparable Alvin Hart al banjo.
Esperemos que su trabajo tome el buen camino emprendido por Corey Harris en sus comienzos. Es decir, fiel a su sonido acústico, al country blues en toda su pureza. A su tierra del Sur. A Carroll County y sus espíritus. Para permanecer con ellos, en su música imperece­dera.
(B.R.-L.B)

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Son House: "Death letter"

Una de las canciones que marcaron definitivamente mis influencias del blues del Delta fue el “Death Letter” de Son House. En cuanto la oí me dejó petrificado y eso que tenía una estructura bastante distinta a lo que estaba escuchando por aquella época. Una letra muy grande y con ritmos repetitivos, pero todo ello con una profundidad que no había visto antes.
Mis grabaciones favoritas de Son House son las de 1930, anteriores a la época de su “nuevo descubrimiento” en los años sesenta, creo que tenían una mayor frescura que las posteriores. Esta versión es de las sesiones de 1965 que tiene mucha mejor calidad de sonido pero pierde un poquito de esa viveza. Con todo y con eso me sigue resultando impresionante y ha sido una influencia decisiva para mí.


SON HOUSE: DEATH LETTER
.
I got a letter this mornin, how do you reckon it read?
It said, "Hurry, hurry, yeah, your love is dead"
I got a letter this mornin, I say how do you reckon it read?
You know, it said, "Hurry, hurry, how come the gal you love is dead?"
.
So, I grabbed up my suitcase, and took off down the road
When I got there she was layin on a coolin' board
I grabbed up my suitcase, and I said and I took off down the road
I said, but when I got there she was already layin on a coolin' board
.
Well, I walked up right close, looked down in her face
Said, the good ol' gal got to lay here 'til the Judgment Day
I walked up right close, and I said I looked down in her face
I said the good ol' gal, she got to lay here 'til the Judgment Day
.
Looked like there was 10,000 people standin' round the buryin' ground
I didn't know I loved her 'til they laid her down
Looked like 10,000 were standin' round the buryin' ground
You know I didn't know I loved her 'til they damn laid her down
.
Well, I folded up my arms and I slowly walked away
I said, "Farewell honey, I'll see you on Judgment Day"
Ah, yeah, oh, yes, I slowly walked away
I said, "Farewell, farewell, I'll see you on the Judgment Day"
.
I didn't feel so bad, 'til the good ol' sun went down
I didn't have a soul to throw my arms around
I didn't feel so bad, 'til the good ol' sun went down
uhm, uhm
.
You know, it's so hard to love someone that don't love you
Ain't no satisfaction, don't care what in the world you do
Yeah, it's so hard to love someone that don't love you
You know it don't look like satisfaction, don't care what in the world you do
.
Got up this mornin', just about the break of day
A-huggin' the pillow where she used to lay
Got up this mornin', just about the break of day
A-huggin' the pillow where my good gal used to lay
.
Got up this mornin', feelin' round for my shoes
You know, I must-a had them old walkin' blues
Got up this mornin', feelin' round for my shoes
Yeah, you know bout that, I must-a had them old walkin' blues
.
Ah, hush, thought I heard her call my name
If it wasn't so loud and so nice and plain Ah, yeah
uhm,uhm

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Max Hoeffner - "Streamline train"

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John Hammond: Concierto en "mi hogar"

No me gustan los titulares de periódicos que pretenden ser “llamativos” tergiversando la noticia a costa de conseguir lectores. Me parece un recurso fácil y miserable. Lo gracioso de esto es que ahora parece que hago algo similar y en realidad lo que pretendo es ser lo más exacto posible.
Cuando hablo de “mi hogar” me refiero al conjunto de sitios en los que tengo mis raíces puestas. Para mí es algo muy importante. Me gustan muchos músicos pero no es lo mismo escuchar a uno de “mi tierra” que a otro que sea de otro lugar. Lo mismo sucede con lo que pasa en los sitios en los que he crecido, no es lo mismo que lo que pasa en otros lugares. No es que sea mejor o peor, tampoco es cuestión de apoyar ciegamente algo que siento propio como si fuese cuestión de ciego forofismo deportivo. Simplemente me resulta más íntimo. Siendo estrictos por hogar la r.a.e. entiende esto: 5. m. Centro de ocio en el que se reúnen personas que tienen en común una actividad, una situación personal o una procedencia.
A John Hammond ya lo había visto hace algún tiempo en otra ciudad. Eran unas circunstancias distintas. Un teatro más hecho en el que todo estaba mínimamente profesionalizado. Fue un gran concierto, salí a la calle y todo siguió normalmente. Por otras referencias sabía que intentar “darle la lata” para tocar con él era algo inútil y hay que ser comprensivo con esto. Esta vez fue distinto.
Para empezar cuando tuve noticia de que iba a tocar aquí, me quedé completamente atónito. Sé que John Hammond hace muchos conciertos y en solitario todavía es mucho más “móvil” pudiendo ir a casi cualquier lugar que tenga unos simples requisitos mínimos, pero eso no le quitaba nada a mi sensación de sorpresa. Por aquella época comentaba a mis amigos “Me siento como si Jesús viene a tu casa a regalarte una biblia, por lo menos tienes que escucharlo”. Quizás no es la comparación más adecuada pero es lo que se me vino a la cabeza en aquel momento. Lo cierto es que estaba como un niño con zapatos nuevos. Uno de mis músicos favoritos y seguramente el que más me gusta en acústico iba a tocar a poca distancia.
El concierto fue impresionante. Un aforo pequeño y en un lugar dejado de la mano de Dios en cuanto a blues se refiere, pero eso a John no le importaba. Tocó con una intensidad tremenda dejándose el alma en cada nota que sacaba a su guitarra y su viejo dobro. Muchos artistas se reservan para tocar en las citas más reconocidas (Montreaux se me viene a la cabeza ahora), dejando lo mejor de su repertorio y su creatividad para estos momentos en detrimento de otros conciertos a los que van sin mucho entusiasmo o simplemente a “cumplir” y ganarse el pan. El caso de John no se puede incluir aquí. Fue un largo e intenso concierto en el que nos dio una excelente muestra de lo que son las raíces del blues. Sin querer exagerar creo que hasta era emocionante ver como afinaba su viejo dobro mientras tocaba las canciones. Porque afinar es encontrar unas proporciones matemáticas pero también se puede hacerlo mientras se actúa manteniendo el gusto de la canción.
Cuando terminó el concierto nos fuimos al hall del auditorio. No me había dado cuenta pero siendo lógico lo cierto que es los artistas deberían de salir por la misma puerta que nosotros porque el auditorio era tan chico que no debería de tener sitio para mucho más. Y así fue. Para mi sorpresa John salió acompañado de su mujer esta vez por la puerta principal, no como la anterior vez que no lo
había visto después del concierto. No recuerdo la forma pero el caso es que al poco rato estaba hablando con los dos. La mujer se reía de la foto que anunciaba el concierto. En ella John salía mucho más joven de la edad que tenía en la actualidad. Con John no acerté a preguntarle nada de interés, lo único que se me vino a la cabeza es darle las gracias por su concierto y por todo su trabajo. No soy nada fetichista y generalmente fuera de los conciertos no suelo correr detrás de la gente que admiro pero el caso es que él amablemente me dedicó la entrada del concierto. Tampoco he pedido autógrafos cuando he tenido oportunidades ( y no me han faltado), pero el que me firmó él lo guardo como un bonito recuerdo y mucho cariño. Cualquiera que conozca, aunque sea superficialmente a John, sabe que es una persona extremadamente dulce y muy educada. No se dedica a hacer cosas sólo por el compromiso de hacerlas.
Aquí queda una foto de John en uno de sus conciertos. Y este de abajo es un video de una de las canciones que hace que más me gustan. El Come on in my kitchen de Robert Johnson.



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