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Kenny Neal: Las raíces de la Louisiana en el blues. Entrevista.

-Una de tus características más importantes es que compo­nes la mayor parte de las canciones que interpretas.
Sí, el noventa por ciento. Me gusta escribir mis propias can­ciones, como lo hacían Muddy Waters, Lightnin' Hopkins... Todos ellos grabaron sus canciones, hoy clásicas. Pero para nosotros, la nueva generación, es importante expresar nues­tros sentimientos en nuestras propias composiciones.
-Tú presentas innovaciones respecto a esos clásicos, por ejemplo, ciertas conexiones con el funky, sobre todo en las líneas de bajo.
Existe una especie de comunión entre el blues y el funky. ¿Y qué piensas del futuro?
He tocado con Buddy Guy, Junior Wells, Big Mama Thornton. John Lee Hooker, Gatemouth Brown y con mucha otra gente que ya no está, por eso nosotros tenemos que mantener toda esa tradición. «Carrying the torch», como dice la canción que tocaré luego.



-Retrocedamos en el tiempo ¿Qué clase de música oías cuan­do eras joven?
Little Walter, Howlin' Wolf y Professor Longhair eran mis fa­vonios.
-¿Conociste personalmente a alguno de ellos? No. pero conocí a Lonesome Sundown, Jimmy Reed. Slim Harpo... Solían venir a mi casa, eran amigos de mi padre.
-Cuéntanos algo del ambiente en tu casa con toda esa gente. Para mí no eran más que los amigos de mi padre, no les veía como celebridades. Ahora que soy mayor pienso que he tenido mucha suerte por conocerlos, pero entonces no era consciente de ello.

-¿Qué es lo más importante que te enseñó tu padre respecto al blues?
Lo más importante que aprendí de mi padre, respecto a cual­quier cosa, es que todo el mundo es alguien. Es como antes, cuando os decían que no podíais pasar. Bueno, pues salgo yo y ya está. Estamos juntos en este mundo y hay que respetar a los demás, ésa es mi forma de ver la vida. No se puede ir de estre­lla y apartarse de la gente. Eso es lo más importante que aprendí de mi padre.
-Empezaste tocando el bajo con tu padre, luego tocaste en la banda de Buddy Guy, y después te instalaste en Canadá con tus hermanos ¿Por qué te fuiste allí, habiendo empeza­do una carrera tan bien encaminada? Porque hice otro grupo, es decir, me casé y tuve dos hijos. Luego volví a Louisiana.
-Entonces conociste a Bob Greenlee de Kingsnake Records.
El es como mi hermano mayor. En mi familia yo era el primo­génito de diez hermanos, así que fue Bob quien se convirtió en mi confidente. El me ofreció la oportunidad de grabar. Editó un disco con mi padre y editó mi primer álbum: «Bio On The Bayou». Desde entonces somos buenos amigos. El disco fue número uno, así que los de Alligator dijeron: “¡Número uno con Kingsnake, lo nunca visto!', y me ofrecieron un contrato.
- Entonces editaron una versión distinta del mismo disco con un nuevo título: «Big News From Baton Rouge». ¿En qué se diferencia?
Lo remezclamos entero.
-En ambos discos aparece una canción, «Evalina», pero las versiones son completamente distintas. En la primera apa­rece un tal Mr. Bootney.
Bootney trabajaba en las obras de las vías del ferrocarril. Es un empleo duro. Para soportarlo mejor, solían cantar mientras golpeaban el suelo con esos grandes mazos, guardando el rit­mo: boom, boom (canta). Cuando lo oí por primera vez, ya sabes, fuimos a una licorería, compré una botella de vino y le dije: ‘Venga, ven al estudio conmigo'. En la segunda edición el tema cambió mucho. Porque los de Alligator no quisieron grabar a Bootney. Real­mente, pienso que se equivocaron, porque habíamos consegui­do captar algo tradicional y verdadero. Nos gusta más la primera versión. Claro, porque es algo auténtico.
-¿Quiere eso decir que en Alligator no te dejan hacer lo que quieres?
No, ahora estoy bien con ellos. En aquel tiempo era distinto, yo sólo quería obtener un buen contrato y grabar discos.
-Pensamos que tu tercer álbum es más comercial, el sonido es más claro.
Estoy de acuerdo. Eso es porque había demasiada gente alre­dedor haciendo cosas. Por eso, cuando grabé «Hoodoo Moon», intenté volver a los orígenes y hacer las cosas yo mismo. Cuando me veáis actuar esta noche comprobaréis que vuelvo a mis raíces. Pienso que deberíamos preservar la música que otros nos legaron: Guitar Slim, Lightnin' Slim y demás. Eso es lo que quiero hacer.
-En «Bayou Blood» prescindiste de sección de viento. Sí, quise utilizar una sección rítmica más reducida, sólo cua­tro instrumentos. ¿
-Y qué tal resultó?
En la siguiente grabación he vuelto a utilizar metales.
-¿Qué tal con Lucky Peterson?
Es un genio, un estupendo intérprete. Ha colaborado en todas mis grabaciones y ya es como otro hermano. También tocará en mi próximo disco.
-Tu último álbum, «Hoodoo Moon», tiene un sonido dema­siado limpio.
Me gusta el sonido auténtico de los instrumentos, el sonido limpio, y hacer blues de verdad.
-¿Te gustaría grabar un disco en directo?
Sí, me encantaría. Siempre se lo digo a la casa de discos (gri­tando): “¡Quiero un álbum en directo!”. Porque pienso que soy mejor en el escenario que en el estudio.
- ¿Cuál de las canciones que has compuesto es tu favorita?
Si quieres que te sea honesto, te diré que mi canción favorita es «The things that I use to do», de Guitar Slim (se pone a cantarla). Me trae recuerdos de mi madre, de mi padre, de toda mi familia. Aunque no la haya compuesto yo, la conside­ro como algo mío. Esta noche también la cantaré.
-¿Y tu bluesman favorito?
Muddy Waters, sin duda.
Sabemos que tuviste algo que ver con un musical que se representó en Broadway
¡Oh, no! Sí, me dieron un pequeño papel en una obra de Broadway. Fui a la escuela a tomar clases de interpretación. La música era de Taj Mahal.
-¿Sigues interesado en el teatro?
Lo mío es tocar blues.
-También eres un buen intérprete de armónica.
Sí, esta noche la voy a tocar acompañando a Corey Harris, pero cada vez que hay una reunión de armonicistas, nunca me llaman (risas).
-¿Cómo disfrutas más, tocando guitarra o armónica? Todo depende de la canción que esté interpretando. Ambos instrumentos me gustan.
-Háblanos de la música de Louisiana.
Durante mucho tiempo, los europeos que querían conocer el blues acudieron a Chicago, pero nunca fueron a las raíces: Mississippi, Louisiana, Arkansas..., es decir, el sur. Por eso mi padre no fue muy conocido. El no fue a Chicago y no consi­guió un contrato de grabación, tocaba por el sur. Yo, que vengo de Baton Rouge, escuché toda esa música e intento darla a conocer. Ahora ya se conoce el blues del sur, el cajún, el zydeco, pero antes la gente sólo conocía Chicago. Hace un tiempo el zydeco sólo se tocaba en el área de Lafayette y Opelousas (ciu­dades del sur del estado), nadie más lo escuchaba. En los últimos siete o diez años se ha difundido mucho, ahora mucha gente lo conoce, y eso es bueno. Louisiana tiene una estupen­da tradición musical, estoy orgulloso de formar parle de ella.
-¿Qué opinas del rap y el hip hop?
El rap no es una cosa tan moderna. Si vas hacia atrás, verás que los músicos de jazz hacían algo parecido y lo llamaban scat. Sí, me gusta. Lo que no me gusta es la música disco. Eso nos quita el trabajo, con todos esos disc jockeys poniendo dis­cos con el mismo ritmo: baf, baf. Los años setenta fueron real­mente duros para nosotros.
-¿Conoces otras conexiones entre el blues, el rock y otras músicas? Por ejemplo, ¿has oído el último disco de Los Lobos?
Sí, los conozco, son amigos. Te diré algo importante: ellos vie­nen de una tradición completamente diferente, pero hacen lo mismo, se siente lo mismo, porque lo suyo también sale del corazón.
-¿Notas alguna diferencia entre el público de los distintos países que visitas?
No, al mostrarte en el escenario utilizas un lenguaje universal. Puede que no entienda el idioma, pero comprendo a la gente cuando dice vyeah'. No, para mí no hay diferencias. (J.I.)

IF HEARTACHES WERE NICKELS
.
I wish you could see me
all broken down this way
but even if you saw me baby
I know , I could not make you stay,
I couldn't make you stay you know about the high cost of loving,
and some-day you're gonna have to pay some-day you're gonna have to pay.
.
A woman like you needs fine things
and I knew that from the start
and I dont have much to offer
just this old broken heart, yeah just this broken heart
and if heartaches were nickles, i would not be here crying in the dark
.
If wine and pills were hundred dollar bills I might keep you satisfied
if broken dreams were limousines I might take you for a ride
it's all I can do, to think of you and wish you were here by my side
if heartaches were nickles I'd be the richest fool alive

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Phillip Walker: Entrevista con el bluesman de Texas

-Naciste en Louisiana, pero empezaste a tocar en Texas...
Nací en Louisiana, en el Bayou Country, pero marché a Texas cuando tenía siete años. Fue en Texas donde crecí y aprendí a tocar la guitarra.
-Ahora vives en California. ¿Conservas influencias de todos estos sitios? Recuerdo que de joven escuchaba a los guitarristas de los años 30, como Robert Johnson y Leadbelly, y a otros más modernos de los años 40, como T-Bone Walker y Lighlnin' Hopkins. También me influyeron otros posteriores, como Muddy Waters, Howlin' Wolf, Jimmy Reed y, sobre todo, los guitarristas tejanos, como Clarence Gatemouth Brown. Además, de joven tuve la oportunidad de tocar con muchos de ellos. Conocí a gran parte de los intérpretes del rock and roll. Trabajé en la banda de Little Richard y también en la de Fats Domino. Toqué la rítmica para Chuck Berry. Estoy muy influido por todo ello.
-Así que aunque el rock nació a partir del blues, al mismo tiempo, bluesmen que vivisteis aquella época recibisteis mucha influencia de esos nuevos sonidos.
Por supuesto, y eso a pesar de que el blues está en la raíz de todo. Yo, concretamente, soy fruto de una suma de circunstancias, de un momento y de un área concreta, y no puedo renegar de ello.


-¿Te consideras un guitarrista adscrito al estilo tejano?
Como te he dicho, me trasladé allí cuando era muy joven pero, como yo era de Louisiana, lo primero que toque fue zydeco, dos años antes de empezar a tocar blues. Luego empecé a escuchar a los guitarristas téjanos y comencé a aprender por lo que realmente me considero uno de ellos Sí, mi principal influencia es la música de Texas. Creo que llegaste a tocar con Clifton Chenier. Sí, es lo primero que hice antes de tocar blues. Es una extraña combinación, ¿no crees?-se ríe-. Lo pasé muy bien con Clifton Chenier. Éramos sólo tres personas en la banda: él. yo tocando la guitarra y un batería. Tocábamos para cientos de personas, íbamos a todas las fiestas, comíamos un montón de pescado frito... Era divertidísimo. Yo no era más que un más que un crio, tenía dieciséis años.
-Compones canciones pero también haces muchas versiones. ¿Cómo las eliges?
He oído tantas canciones que para mí no hay problema a hora de elegir. Puedo tocar cualquier cosa.
-Veo que cuando quieres tocar country blues interpretas temas de Lightnin' Hopkins. ¿Es tu favorito?
Sí, claro, es uno de los músicos que más admiro y del que más cosas he tomado. El es el más legendario y el mejor presentante del country blues de Texas.
- ¿Piensas que en el blues es mucho más importante el sentimiento, transmitir emociones, que una gran técnica?
Claro que sí. Te lo aseguro. Yo tengo muy buena técnica pero eso no importa si no hay feeling. Toda la destreza de un instrumento no sirve de nada si lo que tocas no sale del corazón. Yo tengo que poner el corazón cuando toco el blues.
-Sin embargo, en los últimos años abundan quienes se pierden en filigranas técnicas y se olvidan de todo lo demás.
Todo el problema está en el corazón. A los jóvenes a veces les cuesta buscar en el interior. Hay grandes guitarristas jóvenes que, a pesar de tocar muy bien, no encuentran su espíritu ni el de su música. Pero es un problema de tiempo. Yo también tuve que pasar por lo mismo. Poco a poco lo encontrarán. Es el sentimiento lo que vale -lo repite convencido-.
-Grabaste en Memphis, en los estudios de Sun Records. Sí, grabé allí acompañando al pianista Roscoe Gordon. Recuerdo que tuvimos que conducir cientos de millas para ir desde Houston hasta Memphis. Nos lo pasamos en grande. Era 1956 y fue la última grabación de Roscoe Gordon para Sun Records. Luego, ya sabéis, Elvis grabó allí... -parece que se está liando con las fechas-. Le corregimos lo de Elvis. Además, la última grabación de Roscoe Gordon en los estudios Sun se realizó en agosto de 1958-. Sí. claro, Elvis grabó en Sun Records en 1954 pero entonces era un desconocido. Quiero decir que hasta 1956, cuando se vendieron los masters a RCA, no tuvo en éxito masivo.
-Luego dejas Texas y te vas a California.
Estuve en Houston cuatro años, desde 1954 hasta 1957. Luego dejé el grupo en el que tocaba y me fui por mi cuenta al oeste de Texas, a El Paso.
-¿Recuerdas el tema que interpreté? -tararea «El Paso»-. Estuve allí y en Méjico durante dos años, con mi propio grupo. Luego me fui a California y grabé mi disco «Hello my darling». El resto es historia... Hasta ahora, que estoy aquí en Europa, hablando con vosotros.
-¿Por qué todos los téjanos se iban a California?
Las mejores oportunidades de grabar estaban allí. Fui a Austin y me dijeron: ‘Chico, go west, ve al oeste'. Así que allí me fui, en busca de una carrera discográfica.
-Johnny Copeland me dijo que cuando se fue a Nueva York nadie lo entendía, que le decían que se fuera a California.
Yo tampoco lo entiendo -bromea-, siendo también el un guitarrista tejano. Johnny Copeland y Albert Collins siempre han sido buenos amigos míos.
-En California tocaste con Little Richard. Sí, en 1969. Los dos somos de la misma edad. Le conocía antes de que se hiciera famoso, cuando se dedicaba a fregar platos en Georgia. Cantaba al mismo tiempo que fregaba, así es como lo descubrieron.
-¿Está tan loco como dicen?
Sí, es un tipo que nunca para. Cuando no era famoso era exactamente igual que ahora. De todas formas es una persona magnífica y uno de los mejores músicos que he conocido.
-Todos dicen que los años 70 fueron muy malos para el blues. En cambio, tú hiciste unos discos buenísimos.
Te agradezco lo que has dicho. Sí, creo que hice algunos de mis mejores discos en esa época. En algunos estoy acompañado por otros estupendos músicos. Grabé con Lonesome Sundown, que se había hecho muy famoso tocando con Clifton Chenier. Superamos aquellos años porque nuestra intención no era ser grandes estrellas, sino ser buenos para nuestro público. Tocábamos pensando en la gente, no en el dinero, y nos lo pasábamos muy bien. Pero tuviste que ir a Japón. Fui a Tokio. Actué en un club que se llamaba The Piet.
-¿Es que no había trabajo en América?
No. Lo que pasó es que en Japón oyeron un disco mío y les gustó mucho. Me hice famoso por allí. De modo que me invitaron a grabar un disco en directo, y así lo hice. Fue en 1969.
-¿Cómo es el público japonés?
Son increíbles, y muy listos. Son capaces de copiar cualquier cosa. Pueden cantar igual que yo, tocar la guitarra y sonar como lo hago yo.
-Sí, pero no es lo mismo.
Claro, falta el corazón, el espíritu. Lo que decíamos antes.
-¿Cuál es la causa de que en tu larga carrera hayas grabado tan pocos discos?
Creo que es porque nunca he tenido una canción de éxito, un hit. En toda mi vida sólo he grabado lo que a mí me ha satisfecho. Te voy a contar un secreto: nunca he querido grabar una canción comercial sólo para que se convierta en un éxito, siempre he tocado lo que me ha gustado. La fama de ese tipo lo único que provoca es confusión. Sí, da dinero, pero la gente se desorienta. Nunca he querido ser esclavo del dinero, del poder que tiene. El dinero nunca me ha preocupado demasiado. El exceso de dinero es malo. Cuando todo se convierte en negocio, las cosas no me interesan, trato de huir de eso. Así no tengo problemas.
-Has grabado con muchos buenos músicos: Ted Hawkins, Lowell Fulson, Lonesome Sundown, Johnny Shines, Eddie Taylor, Otis Grand... ¿Con quién te lo has pasado mejor?
A veces lo pasábamos bien, pero siempre me sucede que, cuando estoy grabando, me pongo muy serio. Siempre pienso que lo que estoy haciendo en ese momento lo va a oír mucha gente y sólo me preocupa que todo salga bien.
-¿Te gusta Robert Cray? Tenéis el mismo productor.
Es bueno. Lo conocí cuando era un desconocido intérprete local, me gustó y se lo presenté a mi productor.
-Sí, Dermis Walker. Ha sido muy importante en tu carrera
Tocó; el bajo conmigo durante diez años. Compuso gran parte de mis canciones. Somos muy buenos amigos. Siempre estamos en contacto, nos llamamos por teléfono y todo eso. Además quiere que grabemos otro disco juntos.
-¿Cuando será eso?
Os aseguro que esta vez no vais a tener que esperar siete años para escuchar un disco nuevo mío. Voy a grabar un segundo CD para Black Top, probablemente en 1997.
-Se nota que la banda que ha tocado esta noche contigo no es un grupo de circunstancias. Os conocéis bien.
Son unos tipos increíbles. Nos conocemos desde hace muchísimos años. El batería lleva trece años conmigo; el violinista, veinticinco años; el bajista, veinte. Nos conocemos y nos compenetramos perfectamente. Ellos a su vez tienen sus propios grupos. Ante todo somos buenos amigos.
-Cuéntanos algo sobre esta gira.
Hemos estado en Holanda, en Bélgica y en Italia. Justo antes de venir aquí hemos tocado en el Festival de Cerdanyola. Esta es nuestra última actuación de la gira. Vosotros sois los últimos porque sois los mejores. Ya sabes, lo mejor siempre para el final. Y ahora nos vamos por ahí a celebrarlo.
(J.I.)

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Vance Kelly: Entrevista

Desde los siete años se manejaba con la guitarra, y aprendió solo, encerrado en su cuarto, para gran sorpresa de sus padres. Descubrió el blues a principios de los 60 de la mano de su tío LeRoy McCauley, mecánico y músico a tiempo parcial que le enseñó el «Wang dang doodle» y otros temas.
A los diez años dio su primer bolo blusero en una es­cuela de la ciudad. La ignota cantante Mary Lane le echó el ojo y le pidió que le acompañara en los clubs. «Me quiso desde que yo tenía diez años, aunque no pudo ser. Pero a los quince me llevó al 1815 Club y ahí toqué por primera vez el. blues con ella». Vance estaba muy contento, pues la gente le metía pro­pinas en los bolsillos, pero nunca presentó a su madre a esa mujer con la que se movía por el mundillo blues.
A pesar de todo, con la ascensión de la música disco en los años 70, Vance Kelly renegó del blues para recuperarlo en 1979: «Sabes, me gusta saltar y dar golpes, pero aprendí que el disco no estaba yendo a ninguna parte». Entré el 87 y el 90, acompañó al saxofonista A.C. Reed, con quien salió por primera vez a la carretera y aprendió cómo era el negocio. Con A.C. tuvo tiempo para componer el grueso del cancionero con el que volaría por su cuenta: «Creo que el material que tengo es muy bueno, porque un montón de los grandes cantantes de blues me preguntan por mis canciones, ya sabes, quieren com­prarlas, pero yo no se las daría».
Actuaba seis días a la semana en el Checkerboard, el Brady's y el 1815 Club cuando le fichó el sello austríaco Wolf. Debutó con «Call Me» (Wolf-Antar, 94), álbum de sonido pla­no, limpio y modernista que le valió el premio al mejor disco de blues del año según la revista Living Blues. Es un trabajo con ritmos sesgados que se mueven entre el blues arquetípico tipo Maurice John Vaughn y los números soul, ya vengan vía Isley Brothers o Sam Cooke (ese «That's the way love is», de Bobby Bland), dejando en todo momento espacio para estirar­se en los solos de poso autodidacto, esos que tanto hacían reír a Buddy Scott, quien le enseñó a puntear.
Su reválida, «Joyriding In The Subway» (Wolf-Antar, 95), es excelente. La producción tiene más cuerpo y Vance se mueve a sus anchas y sobrado de autoconfianza por el blues y el soul. Sirvan de ejemplos la balada con alma «From the heart» y la fenomenal versión de Little Milton «Foot loose & fancy free», en plan Luther Allison sin aristas y adornado con vi­brantes punteos a lo Buddy Guy.
Su tercer disco, «Hands Off!» (Wolf-Antar, 97), no profundiza en la senda del anterior, pues el soul se impone incluso sobre la guitarra. Aunque se puede escuchar de un ti­rón, le falta el componente blues. Algunas versiones resultan rutinarias en exceso («If loving you is wong», de Luther Ingram) y la sensación es la de revival setentero muy bien hecho.
Publicamos la con­versación que con él mantuvimos en Bayona, justo antes del concierto ofrecido por la caravana anual del Chicago Blues.
-¿Qué tipo de música oías de niño?
Oh, bueno, todos los estilos. Escuchaba toda la música que había, porque yo quería tocar todo lo que oía.
-¿Por ejemplo rock and roll?
Rock and roll también, je, je... Si estoy en un escenario y al­guien me lo pide, lo haría, pero ahora mismo soy un bluesman. Un soulman, mejor.
-¿Qué nombres recuerdas de esos primeros años?
Deep Purple y Black Sabbath eran artistas que seguía a todas horas. Sí, ja, ja, en esa época solía oír heavy metal. Después me metí en Kool & The Gang y toda esa música de discoteca. Desde ahí me enganché al blues y ahora estoy metido en él. Tengo buen gusto y sé cuál es la manera en que debe ser inter­pretado y el modo en que se debe sentir. El blues es una músi­ca que te debe tocar, porque sale del corazón y, como se suele decir: lo que sale del corazón, alcanza al corazón.
-¿Tus guitarristas favoritos?
B.B. King, Albert Collins... El último y estupendo Albert Collins, y también Albert King, pero mi favorito de verdad es Carlos Santana. Este es el que más me gusta. ¿Cómo te inclinaste por la guitarra? Cantaba gospel y en ese ambiente había muchos chicos que la tocaban. Todos éramos unos crios. Siempre quise tocar algún instrumento y empecé con el piano. Luego me pasé al bajo, hasta que lo dejé y agarré la guitarra. Y desde entonces. Todo lo que sé lo he alcanzado observando a los demás. El senti­miento es el mismo del campo gospel. Yo empecé con mis hermanos y hermanas cantando gospel y, al dejarlo, me dije­ron que estaba equivocado. Mi mamá me pidió que volviera. Sí, porque tu padre era un músico de gospel y no le haría ninguna gracia que tocaras blues. Sí, a mi padre no le gustaba que tocara blues, a mi madre no le gustaba que tocara blues, ya mis hermanos y hermanas no les gustaba que tocara blues, pero ahora me adoran y pinchan lo que hago porque saben que aprendí del gospel, del último gran Reverendo Colombus Morris. El me dio un consejo que utilizo como título en mi tercer CD, él me enseñó: 'No te preocupes sobre lo que diga la gente de ti, sino que stay with it, don't quit it, and you'll get it (aguanta, no abandones, y lo conseguirás). Si quieres conseguir algo, no debes abandonar, tienes que re­sistir. El me dio ese título hace mucho tiempo, me dijo: 'Nun­ca dejes que nadie te acogote'. Me dijo: 'Manten la cabeza alta y sigue con lo que debas hacer'. Y dijo: 'Resiste con lo tuyo, no abandones, y te garantizo que conseguirás lo que quieras'.Yo aguanté, y aquí me tienes.
-¿Eres creyente?
Claro que sí. Siempre lo he sido. Soy un hombre muy religio­so. Yo salgo del mundo gospel y mi padre y mi madre eran ministros. Ellos me mostraron el camino para creer en Dios.
-¿Cuál es tu marca de guitarra favorita?
La Gibson Epiphone, pero tengo un cuarto disco a punto de salir y en él toco una Strat que me dio Fender. La Epiphone da un sonido grueso, profundo, y la Strat tiene uno cristalino, re­gio, pero con la Gibson consigues mejor sentimiento, ¿sabes?
- ¿Recuerdas tu primer concierto?
Tenía diecisiete años (el dato se contradice con el del libreto del CD) y era más bajo que ahora. Ahora soy bajito, pero en­tonces mucho más, y parecía un crío. No me había salido bar­ba y no me querían dejar entrar en la sala porque no aparenta­ba la edad suficiente. Pero la banda conocía mi toque y no le importaba, así que una señora llamada Mary Lane me ofreció la posibilidad de dar mi primer bolo.
-¿Cuándo decidiste convertirte en profesional?
Toda mi vida he querido ser un músico profesional. Decidí que de verdad quería salir fuera y montármelo por mi cuenta en 1990, cuando dejé a A.C. Reed. El fue quien me enseñó el tinglado de ser artista. De él aprendí más que de cualquier otro y le doy las gracias por todo lo que hizo por mí.
-Antes de trabajar para A.C. Reed tocaste música disco. ¿Sólo por hobby?
No, sacábamos dinero, pero lo pasábamos bien: las mujeres bailaban, tú gustabas a las mujeres... Aunque ahora, cuando miro atrás, no lo veo tan divertido. Con el tiempo te das cuenta de que esto es una lucha constante y de que la diversión y las mujeres no cuentan. La realidad es que este es un negocio muy serio, no hay que tomárselo a la ligera. La música disco puede ser invadida por las computadoras, pero las computadoras no pueden invadir el blues. ¿Y por qué digo esto? Por lo mismo que te he dicho antes: el blues se toca con sentimiento y nunca podrás encontrar una computadora con sentimiento, con feeling. La gente quiere notar el feeling porque, si tú lo sientes, la gente lo sentirá cuando tú tocas. Si observan que estás difrutando ahí arriba, se lo transmitirás. Eso es lo que busco.
-¿Te interesa el hip-hop, también hecho con computadora?
No. No, no, no, no... Para nada. Y te diré por qué: la razón es que, cuando estoy en casa, les grito a mis chicos a todas horas "¡Bajad eso!". Y ellos vienen y me dicen: 'Papá, bájalo tú. Tú sí que lo pones alto'. Y les respondo: 'Hey, esta es mi música. Estoy aprendiendo cosas diferentes'. Ni ellos ni yo ponemos mis CDs en casa, lo único que hago es grabar cintas con canciones que quiero meter en próximos CDs. Por eso pongo música, pero el hip-hop para nada. No es más que ruido.
-¿Fueron difíciles tus inicios en solitario?
Muy duros. Fue como caer: la gente intentaba acabar conmigo
-¿Qué gente? ¿Del negocio?
Del negocio y fuera del negocio. Había gente que no querían verme dando más bolos por ahí, gente que quería frenarme, pero yo no me dejaría vencer. No importa lo que dijeran de mi, no me pararían, seguiría adelante. Yo perdí a mi primera esposa por la música. Perdí a la madre de mis hijos a causa de la música, por tocar el blues. Me dijo: 'O yo o la banda'. Me dio un ultimátum. 'O yo o la música'. Le respondí que la amaba muchísimo y que no sabía qué hacer. Y me senté a pensar y le dije que la banda. Fue muy duro para mí decidir esto, muy duro, pero tuve que hacerlo, no tenía otra elección.
-¿Cómo contactaste con Wolf Records?
A través de Willie Kent. El y John Primer dijeron a Tom Hanzig el tipo de Wolf: 'Vente y echa un vistazo a Vance Kelly. Te gustará'. La primera vez que vino a Chicago y me oyó, le gusté y me firmó de la misma. Hicimos el primer CD, «Call Me».
-¿Intentaste editar tus canciones en otro sello americano?
Bueno, sí. Lo intenté con un montón de compañías, pero me decían que yo no era lo suficientemente bluesie, porque toco R&B. Pero creo que todo esto ha cambiado un poquito, porque el Living Blues me concedió un premio y todo el mundo ha decidido que ahora sí me quiere.
-¿Ese premio te cambió la vida? Ahora otros sellos quieren ficharte, puedes ganar más dinero, das más conciertos...
En lo que a mí respecta, no ha cambiado nada. Ni siquiera me cambió a mí. Me ayudó a salir fuera, a ser más grande, pero yo he permanecido igual. Otros estarían muy contentos.
-«Call Me» tuvo un gran éxito en USA. Seguro que más del esperado.
Sí, ese fue el primero, y pedía por favor a Dios que sonarabien. Deseaba que todo funcionase. Algunas de sus canciones me mostraron como soy e hicieron que se vendiera el CD.
-Luego editaste «Joyriding In The Subway», mi favorito.
Tienes razón. En este hice varias canciones con mi hija. Vivian Kelly. Las hicimos juntos. No sé si tiene un background blues pero ella ha escrito muchas canciones. En el CD se ve que mi
hija Vivian sabe escribir grandes canciones, la gente lo percibe.
-Por ejemplo, «Joyriding in the subway». Tu tercer disco, «Hands Off!», es el más comercial, el más orientado al soul.
Sí, es más soul. Puse más soul en él. Mi esposa incluso me dijo: 'Vance, tu cuarto CD va a ser la obra maestra'. De verdad que a ella le gusta cómo suena. Ha oído la demo. Ahora tenemos un sonido más cualificado, mejor, especialmente en los temas originales. Espero que salga en verano en Wolf (del 99) porque he renovado por otros dos años.
-¿De qué escribes?
Creo que las letras de estas canciones salen del corazón. Tratan de los problemas que he tenido en mi vida. Canto cosas que me pasan y he aprendido de todo lo que me ha sucedido en la vida.
-¿Qué tipo dé problemas?
Bueno, varios: de relacionarse con Vance, de una mujer que te dice haz esto o lo otro... Material así.
-¿Qué pretendes expresar al tocar?
Todo sentimiento, cada gota de alma que tengo.
(O.C.)

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