Si hablamos de Clapton pocos van a dudar de su talento y de su capacidad creativa, pero lo curioso es que, al ser principalmente un músico "eléctrico" necesita estar acompañado de más músicos, y ha terminado juntándose con gente de muy distintas clases. Cuando toca con otros grandes músicos y se escucha el resultado no hay mayor problema, si es buena música podremos pensar que todos han puesto de sí. Pero cuando ha tocado con otros músicos de distinta calidad artística siempre queda la duda de si cuando escuchamos a los músicos acompañantes son ellos los que producen la "magia" que nos llega o, por el contrario, simplemente siguen al líder que "tira del carro" y eso es lo que "ilumina" al resto del grupo. Bobby Whitlock tuvo la suerte de pertenecer a Derek and the Dominos (una de las efímeras formaciones de Eric Clapton en la que encontró uno de sus momentos artísticos más álgidos bajo la creación del álbum "Layla and other assorted love songs") y, aunque ha colaborado con otros músicos, parece que ha quedado marcado por esta época. Digo esto porque en la actualidad se pasa buena parte de las horas que le restan de vida pegado a su facebook publicando vídeos, sobre todo de "Derek and the Dominos" (en los que él mismo sale) o de Eric Clapton en su época actual. ¿Es esta una forma de vivir en el pasado cuando no se tiene algo demasiado interesante que hacer en el presente?. Parece que sí.
Han pasado más de treinta años desde que Whitlock tuvo la suerte de coincidir con Clapton en aquella histórica época y, aparte de que parece que casi ha perdido el contacto con él, se empecina en mantenerse anclado en ese pasado. Clapton, en cambio, se muestra más preocupado por vivir en el presente que en el pasado. Lógicamente cuando hay una fuerte necesidad de expresarse eso suele terminar imponiéndose frente a vivir a base de recordar "tiempos mejores".
Todos tenemos formas de renunciar a nosotros mismos, una de ellas es vivir en los recuerdos.

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El declive artístico de Mark Knopfler  

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Cualquier fan que haya seguido mínimamente su carrera podrá ver que hay una diferencia considerable entre el Mark Knopfler actual y el anterior al 2001. Paulatinamente ha ido decreciendo su creatividad artística de forma que cada año que pasa parece que hay siempre algo menos. Es cierto que en este aspecto ha estado a un nivel tan alto que se puede permitir hacer cada año un poquito menos y aún así seguir siendo un gran músico y compositor pero desde luego no se puede pasar por alto que no es el mismo que una vez fue.
En cuanto a este tema, por supuesto, no tengo nada que hablar de cuestiones comerciales. Si ha vendido más o menos discos, es más o menos popular o cuestiones similares, es algo que no viene al caso porque lo que interesa verdaderamente cuando hay que valorar es el artista. Intentaré centrarme en este apartado.
Intentando hacer memoria recuerdo como primera señal de este declive una de las muchas entrevistas que ha dado en la que declaraba estar cansado de hacer canciones de quince minutos. Me sorprendió enormemente esto porque precisamente buena parte de su mayor gloria la había conseguido con canciones de este tipo que, o bien ya habían sido compuestas directamente en este formato (Telegraph road, Tunnel of love,…), o bien las ha ido alargando (Sultans of Swing, Ride Across the river, …). Bien, pues, si no me confundo, Speedway at Nazareth es la última canción que compuso que se acerca a estas características y esto se queda en el 2001. Desde entonces, como él auguraba, nada de canciones de un cuarto de hora. Pero la cosa no queda solamente ahí porque las que ya había alargado las vuelve a reducir. Un buen ejemplo de esto es Sultans of Swing que comenzó siendo una canción de cinco minutos en su primera grabación de 1977. Ya al poco tiempo nos encontramos que ha crecido hasta llegar a los doce minutos y que posteriormente mantiene esta estructura durante muchos años, con algunos añadidos de teclados o saxo pero con la estructura de los quince minutos y crescendo final. Esto se mantuvo hasta la época reciente en la que la canción ha decrecido volviendo a los cinco o seis minutos y la misma estructura original. Únicamente algunos licks de guitarra remanentes de la época en que el formato era largo se mantienen para recordarnos la historia gloriosa que tuvo esa canción.
Podría pensarse que la duración de las canciones es una cuestión de gustos y que no hay por qué buscarle más motivos. Uno puede decidir hacer canciones cortas o largas y eso no implica necesariamente que se le hayan fundido los plomos. El problema es que unido al tema de la duración de las canciones hay más señales de esta involución.
Las giras interminables, cercanas a los trescientos conciertos, de los discos “Brothers in Arms” y “On every street “ han ido reduciéndose progresivamente hasta llegar a unos tres meses, que es lo que ha durado la gira del 2008.
El repertorio de los conciertos durante la gira, que antiguamente tendía a ser cada vez más variado , se ha vuelto casi completamente estático hasta el punto de que desde el comienzo al final de la gira apenas ha habido unos pocos temas que hayan variado en el repertorio. Pero es que encima las canciones no progresan. Es decir, no hay demasiados cambios de composición, y Mark se limita simplemente a dejarse llevar por el momento y por el arsenal aprendido para improvisar solos.
El tema de las canciones es para hablarlo largo. Las discográficas se las ven cada vez más peliagudas para encontrar una canción mínimamente “movida” que pueda usarse de single. Y es que ahora apenas compone canciones de ese tipo y, de nuevo no sólo no compone sino que retira de su repertorio las que tenían estas características. La más llamativa de este caso es Money for nothing, en otro tiempo clásico entre los clásicos y hoy en día una canción del pasado. Unidas a Money for nothing ha habido otra serie de canciones que no han ido aguantando el paso de los años, o mejor dicho Knopfler no ha aguantado el paso que marcaba en aquellas canciones, hasta el punto de que hoy en día el aficionado puede pensar más bien en cuantas de las canciones antiguas sobrevivirán en su repertorio. Yo creo que las que le aguantan delatan los temas más hondos en su trabajo. Brothers in arms, canción que siempre ha declarado que soñó con haber compuesto, es una de ellas; otra es la adaptación a la época contemporánea del mito universal de Shakespeare, Romeo and Juliet. Las apuestas sobre cuál será la siguiente canción en caer puede hacerlas cualquiera, pero en cualquier caso siempre será una resta.
¿Qué motivo hay para esta involución? Siempre es complicado decirlo pero el rock, que es el eje de los otros estilos que toca Mark, no es algo que aguante bien con los años. En el caso de Knopfler parece que todavía aguanta peor. Posiblemente propiciado por su personalidad y su visión de la vida se le hace cada vez más difícil mantener las energías de su juventud y la productividad que las acompañaba. Podrían encontrarse más síntomas de este declive artístico pero creo que con los señalados antes ya es suficiente para comprobar la tendencia. Las giras mundiales seguramente terminarán en pocos años y después…

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"El joven Törless": el problema del mal llegado desde el bullying  

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La película de Volker Schlöndorff (1966), basada en la novela de Musil “Las tribulaciones del estudiante Törless” (Die Verwirrungen des Zöglings Törleßes) explora el problema ético del mal a través de las relaciones entre cuatro alumnos y su entorno en un internado austro-húngaro de principios del siglo pasado.
La trama argumental se estructura a través de Törless, un estudiante adolescente recién llegado al internado, que hastiado por el tedio de la rutina cotidiana se relaciona con Beineberg y Reiting. Basini es otro estudiante que fruto de su descontrol en el juego contrae una deuda con Reiting que no puede devolver. Aquí comienza el principio de los problemas de Basini, ya que Reiting exige el dominio completo de éste al no serle devuelto el dinero. Basini, al no encontrar a nadie que le preste el dinero opta por robárselo a otro compañero, Beineberg, pero al quedar delatado por la incapacidad de explicar la forma en la que consiguió el dinero empeora su problema. Ahora no sólo le debe dinero a Reiting sino que además queda declarado entre este círculo de amigos que ha robado dinero a Beineberg y este ya ni reclama el dinero como hizo Reiting, lo que hace es usar su nueva posición de dominación respecto a Basini para torturarlo como Reiting pero con otras motivaciones.
Beineberg es un dominador mucho más sutil que Reiting y sobre todo tiene otros fines. Aunque ambos torturan por el placer de hacerlo en Beineberg hay una necesidad de hallar el sentido del la existencia, cosa que hace descendiendo a las zonas más miserables de la condición humana a través de su relación de dominación con Basini. Törless, que también busca respuestas en su vida, es testigo impasible de la tortura de Reiting y Beineberg sobre Basini. Deja que los hechos sucedan sin denunciarlos ni inmiscuirse para contemplar todo a modo de
experimento. Para él ver lo que va sucediendo es una explicación más satisfactoria que la que consigue en las lecciones de clase y le sirve para resolver sus inquietudes de cómo está configurado el mundo.
Aunque Basini es un estudiante más para todo el mundo (Törless incluido), lo cierto es que tiene algunas características que se van mostrando a lo largo de la película que lo delatan como un estudiante distinto. Podríamos pensar que la anécdota de la apuesta jugando a las cartas es una casualidad pero no lo es tanto. Cuando es humillado en el gimnasio leen una carta que le ha escrito su madre y que los otros estudiantes han robado amparados en que a estas alturas ya es de dominio público que Basini es un ladrón. En la carta se dan varios datos muy importantes. Primero que Basini es huérfano y segundo que la madre, debido a su condición de viuda, se ve obligada a restringirle el dinero que le puede dejar. Además es notorio que estos hechos, y el que vengan de una carta de su madre que ha sido robada, son muy importantes para Basini porque es la única vez que hace frente a las burlas que ha estado recibiendo e intenta cambiar su rol sumiso. Increpa y salta a por la carta pero lógicamente sin posibilidades. A esas alturas es objeto del desprecio de todos sus compañeros que además lo rodean y lo torturan en esa escena. Basini también vive en una especie de presente constante que va ligado a su falta de capacidad conceptual, él sólo busca sentirse bien. Si se sintió mal en el pasado ya no importa si en el presente se siente bien, y si se sintió bien en el pasado tampoco importa si en presente se está sintiendo mal. Este dejarse llevar por lo placentero (posible origen de un carácter tendente a las adicciones) hace que no sepa controlarse en la partida de cartas y apueste cantidades que no puede asumir. Quizás aquí tengamos un indicio de origen de ludopatía con esta tendencia.
Muy posiblemente ser huérfano ha condicionado el carácter de Basini que es opuesto al de Törless en cuanto a la forma de enfrentar el sufrimiento, el primero se deja llevar esperando tiempos mejores pero el segundo hace distinciones morales y conforma su concepción del mundo conforme a la miseria que contempla. Esta antítesis queda remarcada en la escena en que Törless, después de asistir a las torturas que le hacen a Basini, decide hablar con él en privado para intentar comprender cómo soporta hechos tan graves.
“Cuando te escupen, cuando te hacen ladrar. ¿Qué piensas? ¿No se rompe la imagen que tienes de ti mismo? ¿No se rompe algo?” le dice un desesperado Törless a Basini. Pero Basini no tiene respuestas, simplemente procura estar bien sin hacer distinciones conceptuales. Responde que en un momento hay dolor y luego no lo hay, no existe nada más para él. Esta carencia de capacidad de valoración de los hechos hace que también pueda ser un ladrón sin que ello suponga nada. Simplemente lo hizo porque lo necesitaba. No le cambió nada ni le supuso nada como persona. Vive en un presente continuo.
Beineberg, además de Törless, es posiblemente de lo más interesante en cuanto a personajes en la película. Es un verdadero sádico que llega a la historia después de que Basini ha comenzado su espiral de tortura, así que sólo debe dejarse llevar por la marea para dar rienda suelta a sus instintos más básicos. Como sádico que es Beineberg funciona en cuanto puede someter a alguien. El sadismo es una simbiosis patológica en la que a través de una relación de dominación se obtiene placer y significado. Significado de la existencia es precisamente lo que también busca Törless y esto que lo une a Beineberg. Törless queda perplejo en la clase de matemáticas frente a la existencia de los números imaginarios, unos números que no existen y que, sin embargo, mediante los cuales se pueden hacer operaciones matemáticas que den como resultado la construcción de un puente real. Aunque las inquietudes de Törless no quedan satisfechas por las conformistas explicaciones de su profesor, que en lugar de intentar explicar las matemáticas las declara como un acto de fe o un sentimiento que debemos asumir sin más, éstas sí que tienen eco en Beineberg que se solidariza con Törless en su inquietud y responde con desprecio hacia las respuestas de los decrépitos estamentos que representa el profesor. Beineberg también busca un sentido a su existencia como Törless pero la diferencia es que él intenta resolverlo mediante la violencia y Törless mediante el pensamiento.
Para alcanzar el grado de sadismo tan alto que tiene Beineberg a tan pronta edad hay que recibir mucho odio y ese odio deja vacía a la persona receptora. El resultado es que el vacío de Beineberg le acarrea falta de sentido de su existencia y para resolverlo opta por dar rienda suelta a toda la rabia que lleva dentro a través de la dominación de Basini.
Evidentemente en Beineberg está representada una ideología similar la época nazi de la Alemania de Hitler. El desprecio por los débiles, el menosprecio de los sentimientos “bajos”, o incluso el intentar extraer el significado de la vida diseccionándola. La vida no se comprende por tijeretazos, pero en la Alemania nazi había tanto rencor por la situación social del momento como en la cabeza de Beineberg y en ambos había una necesidad de formar una ideología que justificase la existencia debido al vacío existente por tanta rabia acumulada. Después de todo no son tan distintos los experimentos “científicos” nazis y el afán “didáctico” de Beineberg respecto a Basini.
Beineberg: “Quiero sacar experiencia de esto”. “Lo que pretendo es pura ascética. Para elevarnos por encima del mundo debemos matar lo que nos convierte en esclavos de la vida. Los sentimientos por ejemplo. […] La compasión es un sentimiento superfluo en este caso. Un despilfarro de la fuerza vital. Mataré en mí esos sentimientos superfluos”

Beineberg: Se ha acostumbrado a obedecernos y ya no le importa. Debemos ir más allá.
Törless: ¿Humillarle aun más?
B: Saber hasta dónde podemos llegar.
(este último fragmento corresponde a lo que se ve en el siguiente estracto de la película)


B: ¿Recuerdas la conversación sobre los números imaginarios? Esto nos ayudará a traspasar los límites de nuestra mente. […] Esa fuerza que mantiene la lógica a pesar de todas las lagunas es lo que yo llamo el alma. Y quiero hacer salir a luz el alma de Basini”.

Finalmente Törless escapa del internado después de que Basini es torturado por toda la clase. Su sentimiento de asco es tan grande que esta vez no puede terminar con la situación, como en la escena en que mata un ratón moribundo que estaba siendo torturado por sus compañeros. Ahora sale corriendo angustiado por lo que ve. Cuando declara frente al consejo escolar expone lo que ha supuesto para él la experiencia de lo que le ha ocurrido a Basini.
“Basini era un alumno corriente, una persona normal. Y de repente cayó. […] Tuve que reconocer que el ser humano no ha sido creado bueno o malo. Cambiamos permanentemente. Sólo existimos en nuestros actos. Pero si podemos convertirnos tanto en torturadores como en animal sacrificado todo es posible. Entonces las cosas más terribles son posibles. No existe un mundo bueno y uno malo. Uno es continuación de otro y las personas normales pueden realizar barbaridades.”
El problema de la existencia del mal y la desconfianza respecto a un mundo que no conoce ya han que anidados en el cerebro del adolescente Törless.

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Aaron Lordson: tocando en las calles.  

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Me encontré con Aaron Lordson como la mayoría de la gente, viéndolo tocar en la calle; y me sorprendió lo mismo que a la mayoría de la gente, el que un músico tan bueno estuviese tocando a ras de suelo en medio de la multitud. Ese día no tenía demasiado tiempo pero sí que me dejó impresión así que después, con más calma, estuve recapacitando e indagando un poco sobre este hombre. Una cosa que me sorprendió de lo que le vi en su actuación es que estuviese tan bien organizado. Una chica se preocupaba de todos los detalles y además pasaba junto a ti dándote un marcapáginas (que se puede ver en el vídeo) en dónde venía el centro neurálgico de operaciones de este hombre, su web. Y esto es porque él se busca la vida por sí mismo. No actúa en locales porque, como según él mismo dice, pagan poco. Desde luego la capacidad que tiene él de convocatoria es bastante superior a lo que se puede conseguir en el común de los locales.


Mirando la biografía en su web vemos que es oriundo de Togo, dónde consiguió licenciarse como ginecólogo aunque al poco de conseguirlo renunció a la profesión para dedicarse a la música. Exiliado de su país natal ha venido a parar al nuestro dónde la vida no le fue fácil y fue durante temporadas un sin techo. Hace poco tiempo apareció en el mediático programa de tve “Hijos de Babel” en el que se dio a conocer sin que sustancialmente cambiase demasiado su vida. Todavía no le ha llegado un contrato discográfico y sigue tocando en las calles cuando le dejan. Y digo esto porque poco tiempo después volví y la chica que repartía los marcapáginas estaba discutiendo inútilmente con dos policías para que no le impidiesen seguir tocando en el lugar. Aaron mismo cuenta su historia aquí:

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