Hip Linkchain: Siguiendo su propio camino

A Hip Linkchain lo conocí viendo un programa francés en el que se proponían dar un repaso a lo que en aquel momento era la escena musical del blues de Chicago. Mandaban a un entrevistador/guitarrista francés que lo mismo preguntaba a los músicos sobre su situación y la del blues, que lo mismo se apuntaba a subir al escenario con ellos para tocar alguna canción. Aunque por aquel entonces había varios de los que salían en ese programa que ya conocía me impresionó muchísimo la versión de “Cold chills” que hizo en ese vídeo un músico, entonces desconocido para mí, de nombre Hip Linkchain.


Hip Linkchain (10-11-1936, Jackson, Mississippi; 13-2-1989, Chicago, Illinois), otro anónimo soldado de las huestes westsiders. En realidad se llamaba Willie Richard, y su apelativo extravagan­te le viene por vía paterna, puesto que a su padre, leñador, le denominaban así sus vecinos blancos en el corazón del paupé­rrimo Delta. Hip bebió del blues desde la cuna: progenitor y hermanos mayores le liaban a la guitarra en fiestas caseras, y no es de extrañar que el espabilado chavalín esperase a que la familia saliese a faenar en el campo para descolgar la guitarra acústica del salón y reproducir las canciones de Muddy Waters y Elmore James que escuchaba a los parientes. En 1945 la familia en pleno se trasladó a Louise, Mississippi, para traba­jar en los campos de algodón, y en tal ambiente recibió la in­fluencia de los lamentos amplificados de las seis cuerdas bluseras. A Hip le encantó el sonido y, poco después, ya pululaba por los garitos de Greenville e Indianola para escuchar a Elmore James, Little Milton, Willie Love y Rice Miller, pero no fue hasta su definitiva residencia en Chicago, a principios de los 50, cuando puso sus manos sobre una guitarra amplificada, sumergiéndose en el competitivo circuito de clubs, tocando tras armonicistas (Dusty Brown, Willie Foster, Lester Davenport) con su Gibson LS recién ad­quirida. Como nadie usaba cejilla, al contrario que en Jackson, Hip debió prescindir de ella y aprender más afinaciones... mien­tras de día trabajaba de pintor industrial para el ejército.

Para 1959 ya lidera banda, The Chicago Twisters (donde figuró un joven vocalista Tyrone Davies, futura luminaria localista del soul sixties), empleada como house band del club Silver Dollar Lounge, muy frecuentado por pesos pe­sados (Howlin' Wolf, Muddy Waters, Sonny Boy Williamson). Como todos en este mundillo, grabó un montón de singles para sellos diminutos (Lola Sawn, Blues King) en la década prodi­giosa, hoy disponibles en la compilación británica «Fishin´ in My Pound» (JSP, 79). Como la mayoría de westsiders de se­gunda fila, Hip participó en la famosa serie francesa 'Direct From Chicago' que, con tecnología y prensaje cutre, financia­ba MCM Records; «I Am On My Way» (MCM, 76; reeditada por Storyville) es un disco crudo y muy cercano en espíritu/ sonoridad guitarrera del malogrado Magic Sam. Cuatro años después, Europa se hizo eco de su pericia guitarrera pagándole una gira de nueve semanas por el Viejo Continente. El dinero recaudado, ahorrado con celo febril, lo usó para autoproducirse su debut norteamericano: «Change My Blues» (Teardrop, 81). Ese año gira por USA al lado del docto Jimmy Rogers, graban­do un disco-duelo en formato acústico que conjura el viejo blues casero de su niñez (intercalan fraseos, se reparten los versos) con dos guitarras Martin de caja: «Jimmy Rogers & Hip Linkchain: Stickshift» (Teardrop, 82). Para desintoxicarse de las añoranzas bucólicas, compartirá vinilo en directo con un defensor de las causas perdidas y de la electricidad desbo­cada, picándose el uno al otro en improvisaciones distorsionadas de «Little red rooster», «Boogie chillum» o «Hideaway». ¿Su título? «Jimmy Dawkins & Hip Live» (Rumble, 82).
A principios de 1980 desechó unirse a la banda de Muddy Waters, y dos años antes de su fallecimiento por cán­cer de pulmón, el LP «Airbusters» (Black Magic-Evidence. 87) se erigirá como su álbum más satisfactorio, el que mejor captura el sonido de su guitarra. Compila un trabajo chicagüense de tres años, entre el 84-87, y, con patronazgo holandés, los perros viejos de la canallesca escena forjan sonoridades senti­das, shuffles arquetípicos (B.B. King. Muddy Waters), deriva­ciones ligeramente funk y un cimbreo de cuerdas solistas que recuerdan a Magic Sam en los tañidos más cristalinos. Desta­ca sobre los catorce cortes, hasta el punto de eclipsarlos, el reverberante «House cat boogie», un vendaval infecto y chirriantemente carnal de la mano de un cincuentón de muñe­ca ágil y guitarra afilada de la margen oeste del lago Michigan, con la maestría y experiencia que brindan tres décadas en el oficio. Ironía brutal la de triunfar después de muerto, como un cid del blues, pero el "blues world” es así.
(P.C.)

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Próximo destino: Mark Knopfler, Madrid 3 de Abril 2008


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